lunes, 15 de diciembre de 2008

Tiran de mis hilos


Por más veces que hayan intentado explicarme que las cosas llegan a su debido momento, sé bien que no se puede contra la necesidad de querer. Y después de pensarlo veces, mil veces, me voy dando cuenta que las almas se atraen y se conocen sin necesidad de medios físicos, o burlando todo objeto y sujeto antepuesto. Pero, ¿el cuerpo?, el cuerpo necesita cercanías, el cuerpo vive de sensibilidades, y es aquí donde empieza a parecerme imperfecta mi teoría. ¿O es que el alma está encerrada? No parece querer existir la forma de que el cuerpo experimente lo que el alma vive. Entonces lo real, las distancias y sus mil cómplices, empiezan a reírse de mí; y se me hace más difícil encontrar tranquilidad en las voces, sólo puedo desear y desear tenerlas cerca, tan cerca como palpables.
Creo saber que la distancia es el obstáculo más complicado con el que me encontré, y no tengo certeza de superarlo, pero entiendo qué el tiempo es amigo y enemigo. ¿quién maneja nuestros hilos? Marionetas presas de tiempo y distancias.
Entonces la arena del reloj se mueve según el parecer de un señor que no tiene cuerpo, el criterio de alguien que sólo conoce de necesidades espirituales.


(A las personas que tengo lejos, y espero poder abrazar pronto)

martes, 2 de diciembre de 2008

Me curó esa flor


El viento me tragaba, yo enmudecía, ensordecía y enceguecía. Caminaba por las calles y era invisible, veía mariposas que no eran para mí, por eso dibujé una en mi piel, por eso salí a andar la primavera. Los pájaros cantaban, no para enamorarme, sino para enfurecerme.
Mirando por la ventana desde mi cama, veía pasto y no flores, veía gente y no personas.
Tanto barullo en mis oídos, me hizo mal, me dejó un silbido permanente. Pero, ¿impiden las circunstancias de la vida que uno escuche sus llamados? Con mal clima, con malas pasadas del destino, aún asi lo vi, lo escuché y lo sentí. Iba paseando el otoño, vacío de verde y con horas tristes. De todas maneras, él magicamente me regaló una flor que no existía. Mis sentidos volvieron a funcionar, y los colores subieron a mi realidad. Ahí entendí, que aún cuando el espejo me ignora, el mundo gira de todas formas. Mi mundo volvió a girar, porque él me regaló una flor!