miércoles, 5 de diciembre de 2012

Tardes quietas

    La vecina hace música. Por el sonido, imagino que es un contrabajo; aunque es muy extraño en mí, me cuesta mucho distinguirlo.
    Son melodías nostalgiosas las que toca. La combinación es maravillosa.   

    Uno creería que esas notas son para un día gris, pero escucharlas bajo el sol radiante que inunda este patio y baña de claridad cada rincón de esta casa, construye un momento perfecto. 
    Es la música que vino a romper el silencio de la tarde sin romper la calma. Me lleva directamente a imaginar falsos recuerdos, o recuerdos reales, pero que no son míos: las tardes quietas de verano en Villa Castells, mientras los vecinos duermen, y una acostada en la cama, aburrida, esperando que mamá despierte y nos dé permiso para salir a jugar con mi hermana. Las tardes en el campo, después del almuerzo y la sobremesa, cuando los tíos quedan prácticamente desmayados bajo el efecto del vinito, y se abre un silencio hermoso, que sólo permite escuchar el ruido de las hojas en los árboles cuando el viento las hace bailar.
    Imagino un montón de escenarios, pero siempre es tarde de siesta mientras una disfruta un poco de soledad.
    Claro... los nenes duermen; la vecina toca; yo acá, escribiendo. Algún día recordaré este momento también.

    Las melodías se callan, el motor de la heladera se detiene. Habrá sido corto, pero fue perfecto.
    Se escuchan voces.
    Es hora del punto final.

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