domingo, 20 de enero de 2013

     Amiga, me han dicho que convivir es difícil. Que compartir "tanto" saca lo peor de cada uno. Que hay que acordar ciertas cosas para poder llevar el día a día. Que hay que marcar límites entre una y otra vida. Que fuera de casa cada uno con sus cosas. Que hay que ser pacientes, que el orden, que los ruidos, que los gustos, que las comidas...
     Ay amiga, quienes convivieron de esa forma, no saben lo que se pierden.
     No saben qué lindo es esperarte para cenar, sentarse a tomar mate a la tarde con vos. No saben el dolor que se siente cuando te veo llorar. No saben el orgullo y la tranquilidad que se siente cuando, después de escucharte reiteradas veces decir que ya no podías reconstruirte, te veo de pie y andando con convicción. Se pierden ellos la calma con la que me duermo cuando a la noche improvisás una cama junto a la mía.

     ¿Es que no han disfrutado de una lectura en voz alta para dos? ¿Es que no tuvieron la oportunidad de cocinar, de llorar, de tentarse de risa, de limpiar, de dormir una siesta, de salir a comprar con la misma persona con la que conviven?
     ¿No es cierto que cuando salimos de casa, cada una por su lado, nos extrañamos tanto que es imposible no mensajearnos? Y cuando, juntas, salimos a pedalear, somos nosotras, recorriendo lo nuestro. Porque puertas afuera también lo compartimos todo. Porque ser compañeras, amigas, ser familia elegida, es vivir juntas, no en una casa, sino en una vida.
     Feliz cumpleaños querida amiga.
     Te quiero mucho, de verdad te quiero.
     Te espero (te esperamos) con la cena lista cuando vuelvas.





No hay comentarios:

Publicar un comentario