viernes, 11 de julio de 2014

Un simple descargo emocional...

No es una discusión más ni un hecho aisaldo. Se llama violencia familiar, y es algo con lo que estuve acostumbrada a vivir mis 25 años de vida. Ojo, amo a mi familia y doy por ellos todo; todo. Pero nos encontramos entre agresiones muy seguido. No importa quiénes, pero algunos desde la violencia, y otros desde la sumición. No es uno, somos todos. Evidentemente no sabemos dialogar, ni resolver los problemas desde el amor. Acá en casa se reacciona, se empieza a subir el tono de voz, y entonces el otro lo sube más, y nadie da el brazo a torcer, hasta que ya no alcanza la voz, y se pierde el espacio personal, un empujón, un cachetazo y chau... se fue todo al diablo, mientras arriba, otros escuchan y lloran, y no dicen nada, hasta que es insostenible y bajan, y entonces ya es algo de los cinco.
Algunos no dicen nada para evitar esta clase de conflictos, entonces otros tipos de violencia (tal vez menos explícitas) siguen sucediendo todos los días.  Y otros no encuentran límites, y hacen de una pequeña crisis una explosión de violencia.
No estoy pidiendo ayuda, no estoy tomando "venganza" de mi familia, ni nada por el estilo. Simplemente estoy rompiendo el silencio, y haciendo una especie de catarsis (siempre que necesité expresarme se me dio por escribir). Por otro lado esta necesidad de contarlo, también pasa por mostrar otro costado de mi vida a quienes quiero, otro costado de mi realidad.
La única diferencia entre el resto de los integrantes de mi familia y yo, es que yo siempre supe como salir a buscar ayuda, y durante muchos años me refugié en el afecto de mis tíos, mis primos, y más que nadie en mis abuelos. Hoy necesito refugiarme en mis amigos, simplemente contándoselos, hablándolo. No me da vergüenza que otras personas lo lean tampoco. Hoy me abro a todos y no espero palabras si no las tienen, no espero abrazos si no los sienten, no espero nada, más que unos minutos para leer esto.
Hay golpes en mi vida de los que nunca me voy a olvidar, algunos físicos, otros verbales, humillaciones. Golpes que me perforaron el alma... abrir mi realidad, hablar, expresar, hoy me ayuda a cicatrizar. Sólo eso es lo que me mueve a compartir esta nota.
Un amigo me dijo una vez: "El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es una elección", yo elijo no sufrir más. Por lo demás, los cinco saldremos adelante otra vez, como siempre hicimos de una forma u otra.
Vuelvo a aclarar, amo a mis viejos y a mis hermanas más que a nadie en el mundo. Los cinco nos amamos, sólo que no lo sabemos expresar entre nosotros.

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