Cuando mi hermano cumplió su misión en este mundo y su alma se fue de gira por el universo, una carga enorme me quedó incrustada en el corazón. Una promesa rota, palabras que no se han dicho, abrazos que no se han dado. Después de un tiempo de llorar, extrañar, y lamentar, decidí que no iba a pasarme más. Ahí nació mi promesa: "Ninguna persona de mi entorno va a irse de este mundo sin saber cuánto la quiero". A veces cuesta, pero aprendí a decir "te quiero" mirando a los ojos, a abrazar sin ninguna excusa, a contar mis dolores, a buscar contención cuando la necesito, a resolver conflictos con el diálogo.
Hace sólo un par de días (podemos contarlos en horas) a un amigo le tocó partir de nuestro lado. Siento un dolor terrible, pero a la vez, tengo la tranquilidad de haberle expresado mi cariño en algunas oportunidades, y haberlo abrazado la última vez que lo vi.
Hoy no le tengo miedo a la muerte... a mi muerte; pero me sofoca pensar en todos las despedidas que me quedan mientras recorra esta vida. Pensar que el adiós a veces es tan sorpresivo, que no llega a decirse en vida. Por eso elijo expresar hoy, no mañana. Por eso elijo abrazar(te) todos los días, agradecer(te), perdonar(te), apoyar(te) y sonreír(te). Porque las cosas palpables son hermosas, pero nosotros somos alma, y como el alma no se puede ver ni tocar, sólo puede llevarse de este mundo, algo que no se ve ni se toca, pero se siente: amor.. mucho amor.
Podrá parecer obvio, pero nunca lo es. Si l@ querés, l@ extrañás, l@ necesitás... ¡Decíselo!
No hay comentarios:
Publicar un comentario